La Maldición de La Profecía
La profecía se rodó en 1976 bajo la dirección de Richard Donner, con Gregory Peck y Lee Remick como protagonistas. La película, sobre un niño que resulta ser el Anticristo, fue ambiciosa y exigente técnicamente, lo que obligó a viajes, efectos prácticos y manejo de animales durante la producción.
📽️Hechos:
Muerte familiar de Gregory Peck: Jonathan Peck, hijo mayor de Gregory Peck, se suicidó antes del rodaje; ese hecho real afectó profundamente al actor.
Accidente en los Países Bajos: John Richardson, jefe de efectos especiales, sufrió un choque automovilístico en el que murió su asistente Liz Moore; el accidente está documentado.
Incidentes aéreos y meteorológicos: varios miembros del equipo relataron vuelos golpeados por rayos o situaciones peligrosas durante desplazamientos relacionados con la producción; esas anécdotas constan en entrevistas y crónicas.
Dificultades con animales: las escenas que involucraron animales generaron tensiones y riesgos típicos de rodajes con fauna; hubo reportes de cuidadores heridos en contextos asociados al trabajo en set.
Contexto de seguridad: el rodaje coincidió con una época de amenazas terroristas en Europa; episodios cercanos al equipo contribuyeron a un clima de alarma durante la filmación.
📽️Ambiente en el set
El rodaje se vivió bajo una atmósfera tensa y de vigilancia constante: técnicos repasaban rutinas de seguridad, los productores exigían garantías extras y algunos miembros del equipo adoptaron gestos de precaución, como evitar ciertos alojamientos o llevar símbolos personales de protección. El cansancio y la presión creativa se mezclaban con el frío de la noche y el ruido de máquinas, creando una sensación persistente de estar al límite.
📽️Relatos
En los descansos del rodaje se contaron historias que se consolidaron en anécdotas memorables: un rayo que impactó cerca de un avión tras despegar, un asistente que nunca volvió de un traslado, y cuidadores de animales con heridas que se añadieron al cuaderno de percances.
📽️Efectos en el equipo
Las pérdidas y los sobresaltos dejaron huellas visibles: algunos actores pausaron su trabajo para acompañar a familias, técnicos cambiaron de tareas por fatiga emocional y varios profesionales recordaron que, tras cierto incidente grave, la energía creativa del plató se transformó en prudencia. Las decisiones posteriores respondieron a una necesidad de recuperar normalidad entre tanto sobresalto.
La filmación avanzó entre sobresaltos, ajustes y medidas improvisadas; el equipo completó el proyecto llevando consigo relatos que, con el tiempo, se convirtieron en la memoria colectiva del rodaje. Aquellos que estuvieron presentes rememoran no sólo las imágenes que vería el público, sino también la cadena de momentos que los obligó a actuar con cautela, a tomar decisiones urgentes y a seguir trabajando pese al agotamiento. Esos recuerdos, contados una y otra vez, terminaron por tejer la leyenda que hoy rodea a la película.
📲A continuación puedes ver el video donde hablamos mas a detalle sobre este tema, disponible en nuestro canal.





Comentarios
Publicar un comentario